Calcuta en la India fue la ciudad elegida por una de las personalidades más excepcionales de las últimas décadas para desarrollar su tierna y sacrificada labor. La vasta pruralidad religiosa y las inhumanas condiciones de vida del lugar, no impidieron ni amilanaron el espÃritu bondadoso de Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida en todo el mundo con el nombre de Madre Teresa de Calcuta. Si bien la Madre Teresa no era de Calcuta, su corazón sà lo era y asà lo demostró a lo largo de su vida y con las acciones que tenÃa para con aquella ciudad de la India.

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Su ciudad natal fue Skopje, cuando aún existÃa el antiguo Imperio Otomano. Actualmente la ciudad pertenece a territorio albano. Su nacimiento se produjo un 26 de agosto del año 1910, el mismo año en que el Cometa Halley pasó muy cerca de nuestro planeta. Prontamente realizó su Primera Comunión e inmediatamente la Confirmación mostrando siempre una gran devoción por la religión. Ya con treinta años decidió ser misionera lo que la llevó a la ciudad de Calcuta en la India. Allà se desempeñó como directora de la Escuela Santa MarÃa hasta que en el año 1946 una revelación divina le cambió la vida.

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Fue asà como la Madre Teresa funda su comunidad religiosa “Misioneros de la Caridad“, dedicándose a atender las necesidades de los más pobres. Dos años después le otorgan el permiso para el funcionamiento de su congregación y empieza a vestir su caracterÃstico sari blanco y franjas azules. Sus primeros pasos con lÃder de la congregación le llevaron a visitar los barrios más pobres de Calcuta, lavando las llagas de los enfermos, ocupándose de los ancianos desvalidos y sosegando el dolor de una mujer que morÃa por la tuberculosis. La congregación poco a poco fue creciendo con la ayuda de las antiguas alumnas de la Madre Teresa. Algunas décadas después la congregación también actuaba en diversos rincones del mundo, ocupándose de los que nadie querÃa ocuparse, de los olvidados.

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El amor que tuvo por la India le llevó a adquirir la nacionalidad de dicho paÃs, que al momento de su muerte le retribuyó todo su amor con las peregrinaciones que tienen lugar en su tumba sin importar el credo o religión que profesen, tan solo movidos por el amor que la Madre Teresa les brindó.
